Rosa Rodríguez

Photographer

LA LÍNEA BLANCA - THE WHITE LINE

2016 - 2019

 

Polar Arctic Circle

66º 33’

 

 

La Línea Blanca es una reflexión sobre el lugar de pertenencia.

Los lugares que el ser humano no ha podido conquistar y moldear a su gusto, son paradójicamente en los que puede ser libre y reencontrarse con su identidad. En este sentido, el Ártico es uno de los lugares más inaccesibles donde volver a las raíces de la naturaleza humana.

El Ártico, además de ser un área que se debe conservar y mantener como área única de nuestro planeta, es el lugar donde sentirse parte del ciclo natural de la vida, un animal más habitando la tierra, un ser individual, aislado, pero al mismo tiempo conectado con el planeta tierra.

El proyecto está desarrollado entre los años 2016 y 2019 en el Círculo Polar Ártico, concretamente en las regiones de Qaanaaq y Kulusuk en Groenlandia, en la Península de Yamalia en Siberia (Rusia), y en Laponia Noruega y finlandesa.

Para realizar el proyecto he viajado sobre el hielo con los cazadores Inuit del este y norte de Groenlandia, convivido en los Montes Urales Polares con los Nenet de Yamalia en Sibera, y en Laponia Noruega con el pueblo Sami.

Las imágenes que forman The White Line buscan sumergir al espectador en la naturaleza frágil y extremadamente bella de la región ártica, que convive en armonía con la crudeza de una de las áreas más inhóspitas del planeta, donde el silencio destapa los sonidos de la naturaleza provocando que los sentidos se despierten, y un latido único lo conecta todo.

 

The White Line reflects on places for belonging.

The places that man has been unable to conquer and shape to his taste are, paradoxically, those where we can find freedom and rediscover our identity. In this regar, the Arctic is one of the most inaccessible places where we can return to the roots of human nature, where we can connect with the natural cycle of life, as animals that inhabit the Earth, as individuals, isolated, yet connected to the planet.

The places that man has been unable to conquer and shape to his taste are, paradoxically, those where we can find freedom and rediscover our identity. In this regard, the Arctic is one of the most inaccessible places where we can return to the roots of human nature.

Not only is this unique environment worthy of conservation and protection, it is also a place where we can connect with the natural cycle of life, as animals that inhabit the Earth, as individuals, isolated, yet connected to the planet.

As part of this project I travelled over the ice with Inuit hunters from eastern and northern Greenland and lived in the Polar Ural Mountains with the Siberian Nenets in Yamal and with the Sami people in Norwegian Lapland.

The photographs in The White Line seek to immerse readers in the fragile, wildly beautiful nature of the Arctic region, which lives harmoniously with harsh conditions in one of the most inhospitable parts of the planet, where the silence reveals the sound of nature, awakening the senses and the pulse that connects us all.